• Andrea de la Olla

Oficinas saludables slow: reacomodando las fichas

Estamos avanzados en esta cuarentena que nos pega día a día. Ya se nos fue la novedad de esa situación medio vacaciones, medio trabajo, de vivir cada rincón de la casa y de descubrir el paso de las estaciones a través de la ventana. Con la esperanza de retomar viejas rutinas, sabemos que hay hábitos que llegaron para quedarse, como la distancia social, el barbijo, la sanitización de todo lo que tocamos, el alcohol en gel y la lavandina como perfume natural de nuestro espacio, y el trabajo desde casa además del trabajo en casa. ¡La familia 7x24! Las personas con quienes elegimos convivir están rodeándonos a tiempo completo, casi sin aliento, compartiendo todas las comidas, todos los espacios y, en resumen, todo.

Definitivamente, nuestra rutina cambió. Ya no volverá a ser como antes. Necesitamos optimizar nuestras salidas, no sólo porque no debemos romper la cuarentena sino porque no nos conviene. Debemos organizarnos diferente para poder simular los espacios que antes teníamos afuera. Muchas veces ganamos en tiempo, porque no tenemos viajes, pero se complican las demás actividades. En fin, el tren de la vida nos obligó a bajar en una estación diferente y ahí estamos reordenándonos para que fluya a nuestro modo.

Y además de todo esto, el trabajo remoto. Ya veníamos pensando en cómo la tecnología iba a impactar en nuestras vidas, no podíamos dimensionarlo demasiado y charlábamos sobre la reconversión de las profesiones, la robotización del conocimiento, la empatización de la inteligencia artificial, pero en unos pocos días una pandemia aceleró el rumbo del cambio y nos encuentra pegados a la tecnología sin saber muy bien cómo ni para qué ni qué será luego, despegados de nuestros colaboradores de carne y hueso con quienes compartíamos reuniones, charlas, cafés, comidas y radiopasillos. ¿Cuánto ganamos y cuánto perdemos? Qué difícil es equilibrar la balanza. El tiempo dirá.

Cada vez falta menos para la ansiada “libertad”. Porque somos libres pero no tanto debido a los permisos que debemos tramitar para movernos fuera de casa. En breve llegará el día en que nos sintamos libres de hacer lo que querramos cuándo, dónde y cómo querramos, pero sabemos que no será igual. Mientras tanto, muchos seguimos trabajando con preocupación para que no nos contagiemos ni contagiarte, pero tratando de continuar brindando nuestros servicios. Vamos pensando en cómo hacer para que los demás vivan mejor a pesar del encierro, del home office y del distanciamiento social. En “de la Olla”, por ejemplo, nos propusimos que cada empresa pueda simular nuestros servicios desde otro lugar: el catering distribuido, el almuerzo laboral con descuentos para empleados y el desayuno como el de la oficina. Ideas que llegaron para quedarse, propuestas que prenden y nos enorgullecen porque les cambia el día a todas las personas.

Ya falta menos. Mientras tanto, reacomodando las fichas, seguimos viviendo slowemente una oficina saludable.

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